Ready, set, march!

A golden monstrance sits on the altar at St. Christine Parish.
Photo by Robert Zajack

One of the takeaways for us to behold from the Synod on Synodality is the fact that we are on a journey together. As Christians, we typically find ourselves walking this journey toward the cross or from the cross in the hope of the resurrection. Every celebration of the Holy Mass invites us deeper into this sacred path as we embrace the cross of Jesus to mark once again His suffering, death and resurrection. 

In 1951, following the establishment of the Diocese of Youngstown, our first Bishop, James McFadden, spoke about this journey in terms of a “march” with the publication of the book The March of the Eucharist. In the forward for this book, Bishop McFadden wrote, “Devotion to Christ the King in the Eucharist is the source and inspiration of all Catholic Action. The Church has no greater power to strengthen those souls who wish to devote their lives to the service of Christ, than the Most Blessed Sacrament.”

Devotion to Jesus Christ in the Holy Eucharist or Eucharistic Adoration can be an incomparable source of grace and strength for us all. Suffice it to say, we cannot be true to the Christian way of life without the Holy Eucharist. Saint Augustine reminds us that it is in the Holy Eucharist that “We become what we receive.” Like those two disciples walking from the cross on the road to Emmaus in the hope of the resurrection, we encounter a divine person who, in the breaking of the bread, opens our eyes. We behold this powerful and fortifying presence and then go forth to bear the presence of Jesus Christ who promised to remain with us until the end of time. 

Currently, the Church in the United States is engaged in a Eucharistic Revival—the purpose of which is to engender a greater respect and reverence for the Holy Eucharist in our lives. During this time, which will culminate with a national celebration in Indianapolis in July of 2024, the Church is seeking in a myriad of ways to open our eyes to the power, presence and peace of the Holy Eucharist. Sadly, in the busyness of our lives, the Holy Eucharist can become so familiar—or worse yet, distant—that we can lose the need, wonder and reverence of it all. 

As we together continue our journey and embark upon the holy season of Lent, I invite you to open your eyes and prepare your hearts to encounter Jesus more intentionally in the Holy Eucharist at Holy Mass and in Eucharistic Adoration. Quite simply, in the spirit of our first bishop, I invite you to join the March of the Eucharist by planning to spend time with Jesus in Eucharistic Adoration. Inside this issue, you will find a calendar of times and places for Eucharistic Adoration in the six counties of our diocese. Try each week to visit a different church in our diocese. This can be a great Lenten project. Let us march together and pray that, not only will we become what we receive, but also, “That all may be one.” Only Jesus can help us to realize that oneness in the Holy Eucharist. 

In The Joy of the Gospel, Pope Francis underlines the importance of Eucharistic Adoration. He writes, “Without prolonged moments of adoration, of prayerful encounter with the word, of sincere conversation with the Lord, our work easily becomes meaningless; we lose energy as a result of weariness and difficulties, and our fervor dies out” (#262).

The journey is not always easy. Not only can it produce fatigue, but we can lose energy and even become lost. The Lenten season is an opportune time for us to become more intentional about our journey together and our need to keep Jesus front and center in that journey. Apart from him, we can do nothing. He is our source and peace. 

There is one other piece to this story for our reflection. Lent calls us to reclaim our belief that we are members of the Body of Christ. As a result, we need to exercise the same respect and reverence for one another that we do for Jesus in the tabernacle. This is not only the challenge of Lent, but of life: to see the presence of Christ in one another. Through our reception of Holy Communion and moments in prayerful adoration, may our eyes be opened to see and behold Jesus, especially in one another. And as we continue our march, may we one day be worthy to see Christ face to face in the Kingdom of heaven. 

Ready, set, march! Oh, and have a blessed Lent!


Una de las conclusiones del Sínodo sobre la Sinodalidad que debemos contemplar es el hecho de que estamos en un viaje juntos. Como cristianos, tipicamente nos encontramos recorriendo este viaje hacia la cruz o desde la cruz con la esperanza de la resurrección. Cada celebración de la Santa Misa nos invita a profundizar en este camino sagrado mientras abrazamos la cruz de Jesús para marcar una vez más su sufrimiento, muerte y resurrección.

En 1951, siguiendo el establecimiento de la Diócesis de Youngstown, nuestro primer Obispo James McFadden habló sobre este viaje en términos de una “marcha” con la publicación de un libro La Marcha de la Eucaristía. En el prólogo de este libro, el Obispo McFadden escribió, “La devoción a Cristo Rey en la Eucaristía es la fuente e inspiración de toda la Acción Católica. La Iglesia no tiene poder más grande para fortalecer aquellas almas que desean dedicar su vida al servicio de Cristo, que el Santísimo Sacramento.”

La Devoción a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía o la Adoración Eucarística puede ser una fuente incomparable de gracia y fortaleza para todos nosotros. Basta decir que, nosotros no podemos ser fieles a la forma de vida cristiana sin la Sagrada Eucaristía. San Agustín nos recuerda que es en la Sagrada Eucaristía donde “Nos convertimos en lo que recibimos.” Como aquellos dos discípulos que caminan desde la cruz por el camino a Emaús con la esperanza de la resurrección, nos encontramos una persona divina que, al partir el pan, abre nuestros ojos. Contemplamos esta poderosa y fortificante presencia, y luego salimos a llevar esta presencia de Jesucristo quien prometió permanecer con nosotros hasta el fin de los tiempos.

Actualmente, la Iglesia en los Estados Unidos está comprometida con el Renacimiento Eucarístico, cuyo propósito es generar un mayor respeto y reverencia por la Sagrada Eucaristía en nuestras vidas. Durante este tiempo, el cual culminará con una celebración nacional en Indianápolis en julio de 2024, la Iglesia está buscando muchas maneras de abrir nuestros ojos al poder, la presencia y la paz de la Sagrada Eucaristía. Tristemente, en el ajetreo de nuestras vidas, la Sagrada Eucaristía puede convertirse en algo tan familiar, o peor aún, distante, que podemos perder por completo la necesidad, el asombro y la reverencia.

Mientras continuamos nuestro viaje juntos y nos embarcamos en la temporada santa de la cuaresma, los invito a abrir sus ojos y preparar su corazones para encontrar a Jesús de manera más intencional en la Sagrada Eucaristía, en la Santa Misa y en la Adoración Eucarística. Así de simple, en el espíritu de nuestro primer obispo, los invito a unirse a la Marcha de la Eucaristía planeando pasar tiempo con Jesús en la Adoración Eucarística. Dentro de esta edición encontrará un calendario de horarios y lugares para la Adoración Eucarística en nuestros seis condados. Cada semana trate de visitar una iglesia diferente en nuestra diócesis. Este puede ser un gran proyecto de Cuaresma. Marchemos juntos y oremos para que no sólo seamos lo que recibimos, sino también “que todos sean uno”. Sólo Jesús puede ayudarnos a realizar esa unidad en la Sagrada Eucaristía.

En La Alegría del Evangelio, el Papa Francisco subraya la importancia de la Adoración Eucarística. Escribe: “Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo  sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido; nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga”. (#262)

El camino no siempre es fácil. No sólo puede producir fatiga, sino que podemos perder energía e incluso perdernos. La temporada de Cuaresma es un momento oportuno para que seamos más intencionales en nuestro viaje juntos y nuestra necesidad de mantener a Jesús al frente y al centro de ese viaje. Separados de él, no podemos hacer nada. Él es nuestra fuente y paz. 

 Hay otra parte de esta historia de nuestra reflexión. La Cuaresma nos llama a recuperar nuestra creencia de que somos miembros del Cuerpo de Cristo. Como resultado, debemos ejercer el mismo respeto y reverencia unos por otros que tenemos por Jesús en el tabernáculo. 

 Éste no es sólo el desafío de la Cuaresma, sino de la vida: ver la presencia de Cristo en los demás. Que a través de nuestra recepción de la Sagrada Comunión y momentos de adoración en oración, nuestros ojos se abran para ver y contemplar a Jesús, especialmente los unos en los otros. Y mientras continuamos nuestra marcha, que algún día seamos dignos de ver a Cristo cara a cara en el Reino de los cielos.

¡En sus marcas, listos, fuera! ¡Ah, y que tengan una bendecida Cuaresma!

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Bishop David J. Bonnar

Bishop David J. Bonnar

Originally from Pittsburgh, Pennsylvania, the Most Reverend David J. Bonnar was installed as the sixth Bishop of the Diocese of Youngstown on January 12, 2021. He received a bachelor degree in Social Communications from Duquesne University in Pittsburgh and studied at the Pontifical North American College in Rome receiving a Bachelor in Sacred Theology (STB) in 1987 from the Pontifical Gregorian University in Rome. As a priest in the Diocese of Pittsburgh, Bishop Bonnar served as parochial vicar at Saint Vitus Parish, New Castle; Saint Rosalia Parish, Greenfield; and Saint Thomas More Parish, Bethel Park. He served as chaplain at Central Catholic High School and as Director of Vocations, Director of the Pre-Ordination program, Director of the Permanent Diaconate program and Rector of Saint Paul Seminary in Pittsburgh. In 2009, Bishop Bonnar was appointed pastor of Saint Bernard Parish, Mt. Lebanon and from 2018 also served as administrator of Our Lady of Grace Parish, Scott Township. In 2020, he was named pastor of Saint Aidan Parish, Wexford. On November 17, 2020, His Holiness Pope Francis appointed him the sixth Bishop of Youngstown. In addition to his ministerial assignments, Bishop Bonnar has also served on the Diocese of Pittsburgh Post-Ordination Board, Clergy Personnel Board, Seminary Admissions Board, Chair of the Permanent Diaconate Admissions Board, Chair of the Priestly Formation Board, and Chair of the Priesthood Candidate Admission Board. Since 2014, Bishop Bonnar has been the editor of The Priest magazine and in 2020 was appointed a member of the National Advisory Board for the United States Conference of Catholic Bishops. For 12 years Bishop Bonnar was also chaplain to the NFL Pittsburgh Steelers professional football team.
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